Nuevos aires musicales. ¿Segunda revolución musical?

la foto-39En la elección del nuevo director titular de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), Carl St. Clair, se perciben nuevos aires en la vida cultural del país; aires de nuestra contemporaneidad. Después de hojear el periódico La Nación del sábado 14 de setiembre, leemos entre líneas, acerca del cambio generacional en la estructura tradicional de una orquesta sinfónica: el director titular ya no trabajará solo (como una figura dictatorial), sino en equipo, acompañado por dos destacados directores. Uno de estos es John Nelson, como director invitado principal; mientras que el otro, es el costarricense Eddie Mora, en calidad de director residente. La última acotación, también entre líneas, se apoya en las palabras del titular: “Aprender y experimentar con la música de su país”.

Nuevos aires soplan en diferentes direcciones, mostrando que la figura del titular no se detiene solamente en las funciones de un director de orquesta, sino que se abre hacia otros campos, tales como, el ámbito pedagógico para desarrollar un programa de formación, enfocado hacia los directores de orquesta locales.

Asimismo, los nuevos aires de nuestra contemporaneidad se pronuncian mediante las alianzas que se construirán entre las instituciones públicas del país, el Ministerio de Cultura y Juventud, la Universidad de Costa Rica y el Centro Nacional de la Música. De igual forma, el informe de las remuneraciones de los directores de la OSN, se presenta como una novedad más en el cuadro de los recientes cambios.

Y siguiendo con el ejercicio de lectura entre líneas, nos preguntamos: ¿será esta una nueva revolución musical en nuestro país, después de la realizada hace 40 años? ¿Será esta decisión institucional como aquella que fundó el programa juvenil, actual Centro Nacional de la Música, que le otorgó un interés gubernamental al programa y la Orquesta Sinfónica Nacional?

Mascarones

SONY DSCLa vida del personaje se desarrollaba en la cotidianidad, resolviendo diversos problemas operativos: traer, llevar, contestar, solucionar, cambiar, llegar, leer, escuchar…

Sin embargo, no más entrando al teatro, el personaje cruza por el umbral, vigilado por cuatro guardianes. Han sido tres veces que ha atravesado este linde desde la cotidianidad a lo excepcional, desde la vida real a la ilusoria. Ya, tres de los vigilantes han sostenido parte de su alma en sus dominios.

Su primer paso fue acompañado por los melodiosos sonidos de un violín; su segunda travesía, por obras musicales que fueron el resultado de su fantasía interior, interpretadas por otros músicos que parecían entender su espíritu; el tercer paso, el personaje lo ejecuta construyendo en el escenario teatral monumentales armonías orquestales. Le quedaba el último recorrido. El cuarto centinela, imperturbable, lo esperaba con mucha paciencia.

El telón escénico se abría lentamente, transportando al público desde la vida real hacia la escena que es como un nuevo mundo, hacia el espectáculo que es como una fiesta del alma. La figura central del escenario, cual entidad psicagógica, se apoderaba y controlaba los pensamientos, tanto de los músicos como del público expectante en la sala.
El personaje, protagonista de la escena, construía y ordenaba escrupulosamente, las estructuras sonoras en las monumentales composiciones musicales.

Ya han terminado los últimos compases de una sinfonía, pero el director aún no ha bajado sus brazos: sigue escuchando con oídos mágicos, los ecos resonantes que se elevaban hacia los rincones más alejados del escenario. En ese momento, los cuatro guardianes cerraban las puertas del teatro, evitando la salida del personaje a la vida cotidiana, porque los centinelas saben que en este instante se han entrelazado sus cuatro pasiones: él interpretaba sus obras musicales, tocando el violín y conduciéndo orquesta.

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