Conciertos de la Orquesta Sinfónica Nacional en Cuba

Un siglo entre desconocidos y famososla foto

El programa que propone la Orquesta Sinfónica Nacional de Costa Rica y su director en residencia, Eddie Mora, nos abre un panorama musical que abarca una selección de obras escritas durante casi un siglo: desde 1888, año de la creación de la Quinta Sinfonía del ruso Piotr Ilich Chaikovsky, hasta 1985, cuando aparece la obra Bosquejos del costarricense Benjamín Gutiérrez.

Dos compositores desconocidos para el público cubano abren el concierto: Benjamín Gutiérrez (n.1937) y William Porras (n.1956). Estos artistas representan dos épocas en el desarrollo de la música costarricense de la segunda mitad del siglo XX.

Benjamín Gutiérrez se considera uno de los fundadores de la escuela de composición musical en Costa Rica. Egresado del Instituto de Torcuato di Tella, en donde compartió sus estudios musicales con una constelación significativa de compositores latinoamericanos, tales como, el puertorriqueño Rafael Aponte-Ledée, el guatemalteco Jorge Sarmientos, el argentino Mariano Etkin y el colombiano Blas Emilio Atehortúa, entre otros; Gutiérrez regresa a Costa Rica en el año 1967.

Escucharemos dos destacadas composiciones de su catálogo: Homenaje a Juan Santamaría y Bosquejos para oboe solista y orquesta de cuerdas.

La obra Homenaje a Juan Santamaría (1966) fue escrita en Buenos Aires, y recrea la gesta del héroe nacional durante la Campaña Nacional de 1856-1857 contra los filibusteros encabezados por el norteamericano William Walker. Su estreno, según las propias palabras de Gutiérrez, se relaciona con el compositor guatemalteco Jorge Sarmientos, quien fuera el invitado a dirigirla con la Orquesta de Guatemala en la celebración del 145 aniversario de la independencia de América Central.

Bosquejos (1985), en sus notas musicales, anticipan un trabajo de mayor dimensión, su Concierto para viola y orquesta (1986). En esta obra, aparecen entonaciones de carácter modal, aludiendo a los cantos de pueblos nativos americanos.

Si el maestro Benjamín Gutiérrez se presenta como uno de los fundadores de la escuela de composición musical en Costa Rica, William Porras, por su parte, se incorpora como el primer egresado de la carrera de composición musical de la Escuela de Artes Musicales de la Universidad de Costa Rica. Su Rapsodia para orquesta, escrita en 1979, como parte medular de su tesis de licenciatura en Música con énfasis en Composición, bajo la tutoría del profesor Bernal Flores, figura como una de las obras sinfónicas costarricenses de mayor relevancia de esa época.

Alejandro García Caturla (1906-1940), el conocido compositor cubano, amplía el programa de la Orquesta Sinfónica Nacional. Tal y como valora la Dra. Victoria Eli en la ficha del compositor para el Diccionario de la música española e hispanoamericana y comenta la Msc. Liliana González: “Alejandro García Caturla, el compositor, instrumentista, director de orquesta y cantante, defendió en su creación la idea de que la música afrocubana podía incorporarse al género sinfónico, utilizando para la expresión todos los elementos propios de la orquesta y los suyos peculiares. Se considera uno de los compositores más importantes del siglo XX en Cuba. Exponente de la vanguardia de los años 20 junto al compositor Amadeo Roldán; promotores ambos, del nuevo sinfonismo cubano con la inclusión de las nuevas técnicas y procedimientos de composición; así como, la incorporación de los instrumentos de la música popular al formato sinfónico, logrando un impresionante contraste entre lo tímbrico y lo rítmico como característica fundamental de su creación. La asimilación del mundo pianístico del salón de los compositores del XIX, como Ignacio Cervantes y la influencia cercana de Ernesto Lecuona en el siglo XX, se percibe en su obra Tres danzas cubanas, una de las más difundidas, escrita en el año 1927”.

Y finalmente, el concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional de Costa Rica, concluye con la famosa Sinfonía n.° 5 en mi menor, opus 64, del ruso Piotr Ilich Chaikovski (1840-1893). La época de creación de esta sinfonía es significativa para el compositor, que en ese momento, estaba inmerso en varios acontecimientos contradictorios en cuanto a sus emociones. A finales del año 1887, mueren dos personas cercanas, y en los albores del año 1888, le acompaña un inusitado éxito en su primer viaje a Europa como director de orquesta. En una de las cartas fechada del 22 de enero de 1888 a su mecenas, Nadezhda von Meck, desde Hamburgo, Piotr Ilich Chaikovski escribe: “Los músicos de la orquesta, tanto en Hamburgo como en Leipzig, me trataron con una gran simpatía y hasta el encanto. El concierto fue bastante aceptable. Dirigí mis obras: 1) Serenata, 2) El Concierto para piano y, 3) Las variaciones de la Suite n.° 3. El triunfo fue grande… En los periódicos se reconoció mi trabajo, aunque hay opiniones extrañas. Pero, por lo general, la prensa es muy simpática, igual que los músicos y el público”.

Al leer esta correspondencia, nos llama atención las opiniones contradictorias que aparecen en el diario de Chaikovski, que datan del mismo año 1888: “Completo desconcierto ante el destino, o antes de la predestinación inescrutable de la Providencia … Murmullos, dudas, quejas, reproches …. que se precipitan a los brazos de cualquier fe”. Asimismo, escribe P. Weidman que “los directores han tratado durante más de 100 años de encontrar el sentido oculto de la Quinta Sinfonía. ¿Qué sucede en su final? ¿Quizá el triunfo de las fuerzas fatales o la victoria de la humanidad sobre el destino? Estas interrogantes eternas y el encanto de la música excitan a los escuchas e intérpretes, inclusive, hasta nuestros días”.

Esta monumental obra fue la primera cuyo estreno se realizó bajo la dirección del compositor. Sobre este acontecimiento, existe una carta de Chaikovski a Nadezhda von Meck: “El sábado 5 de noviembre [1888] se produjo mi concierto en la Sociedad Filarmónica, y ayer, 12 de noviembre, dirigí en la Sociedad Musical dos de mis obras nuevas: Hamlet y la Quinta Sinfonía. El público las ha recibido bien. Asimismo, se puede decir, que tanto en Petersburgo como en Moscú, les gusta mi música, y que en todos lados encuentro el cariño y la simpatía de la gente”.

No obstante, en cartas posteriores, Chaikovski escribe que quedó insatisfecho de su sinfonía. A continuación, conozcamos extractos de la correspondencia entre Chaikovski y von Meck. “2 de diciembre [1888]: Mis sentimientos son bastantes pesimistas relacionados con una circunstancia. Al interpretar mi Sinfonía [n.° 5] dos veces en Petersburgo y una en Praga, llegué a la convicción de que esta obra es un fracaso. En esta hay algo repulsivo, algunos excedentes de material; falta de sinceridad y algo de artificialidad. Y esto el público lo entendió instintivamente. Sentí que las ovaciones que he recibido fueron dirigidas hacia mi actividad anterior, y que la Sinfonía no tiene méritos ni para interesar, ni para gustar. La comprensión de lo sucedido me trae una sensación dolorosa y aguda de insatisfacción conmigo mismo. Tal vez, realmente, ya no puedo componer, sino repetirme a mí mismo? Ayer, en la noche, estaba repasando la Cuarta Sinfonía, la nuestra! [dedicada a Nadezhda von Meck], que diferencia, esta fue la mejor! Así es, todo esto es muy, muy triste!”.

“26 de diciembre [1888]: Los dos conciertos en Moscú fueron buenos. Sin embargo, estos me dejaron un triste recuerdo. Cada vez me convenzo más y más, que mi última sinfonía es una obra mal lograda. Y esta convicción me entristece mucho. La Sinfonía [n.° 5] tiene demasiado material; es pesada, no es sincera; es de larga duración, y en general, no es simpática. Solamente Taneev está decidido que la Quinta es mi mejor obra, el resto de los espectadores tienen una mala opinión sobre esta. Tal vez, ¿ya no puedo escribir más? Tal vez, ¿ya empezó le commencement de la fin? [el principio del fin]? Y si es así, es terrible. El futuro dirá si me equivoco. Aunque, a pesar de ello, creo que es una verdadera lástima que la sinfonía, escrita en el año 1888, es peor que la anterior, compuesta en 1877. Estoy convencido que la sinfonía nuestra [la cuarta] es infinitamente mejor que esta última”.

Resta decir, que esta obra hoy en día, es una de las más queridas e interpretadas del repertorio sinfónico universal.